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Una mujer estadounidense compró un autobús oxidado por un centavo y lo convirtió en la casa de sus sueños.

Una mujer estadounidense compró un autobús oxidado por un centavo y lo convirtió en la casa de sus sueños.

Conseguir una vivienda propia en nuestro tiempo es un asunto muy problemático. Los precios inmobiliarios están creciendo literalmente cada segundo y la única salida es una hipoteca a pagar durante muchos, muchos años. Pero, por otro lado, hoy se valora también la movilidad, por lo que ser propietario de un piso puede volverse un tanto gravoso.

La estadounidense, Jesse Lipskin, ha estado tratando de comprarse una casa durante un buen tiempo, pero los apartamentos en Manhattan cuestan el astronómico precio de alrededor de $ 2 millones. Inspirada en las ideas del arquitecto de casas ecológicas, Michael Reynolds, ella decidió finalmente comprar un viejo autobús y convertirlo en la casa de sus sueños. Y vaya si lo logró…

Un hombre en el otro lado del país estaba vendiendo una GMC Greyhound de 1966 accidentada, por solo $ 7,000. Sí, este es el modelo que apareció en la cinta de 1994, Speed, con Sandra Bullock y Keanu Reeves.

Lipskin y un par de sus amigos fueron a California a recoger el autobús y llevarlo a Nueva York. Al final resultó que, lo más difícil fue encontrar artesanos que la ayudaran con la reconstrucción y remodelación del vehículo.

Jesse no sabía mucho sobre cableado eléctrico, plomería y otros matices, por lo que la mujer comenzó fortaleciendo el marco del autobús y ensamblando los muebles adecuados ella misma.

Muchos expertos pensaron que estaba loca cuando les dijo lo que quería. Su propia madre temía que su hija hubiera perdido el sentido. Pero pronto Jesse logró encontrar a las personas adecuadas, y todos se pusieron manos a la obra, en pos de hacer realidad sus planes.

El Greyhound necesitaba ser limpiado no solo por dentro, sino también por fuera. Habiendo eliminado el óxido y repintado el coche de blanco, tocaba el turno a la parte interior.

Se decidió decorar las paredes con madera, el techo con tablillas y colocar el entarimado del piso. La mujer tuvo que hacer algunos de los muebles por su cuenta o por encargo, porque no cabía mucho en el autobús.

Gracias a un diseño inteligente, Jesse no solo consiguió su propia cama elegante, sino también una pequeña cocina y un baño real.

Por supuesto, no fue posible instalar el baño en sí, pero incluso una ducha en tales circunstancias ya es todo un logro.

Además, para ahorrar espacio, se utilizó el método más simple con la instalación de un podio, para poder equipar pequeños compartimentos debajo de los muebles en los cuales guardar cosas.

Sin embargo, la racionalidad es la racionalidad, y a todos nos gusta la comodidad. Sin embargo, esto resultó ser bastante simple de lograr: Tonos blancos suaves, ventanas panorámicas, pinturas escogidas… ¡Ahora el autobús no es de ninguna manera inferior a un hogar real!

Toda la obra costó varios años de vida y 70.000 dólares. Si lo piensas bien, este es un pequeño precio a pagar por tal placer. Y si añadimos el hecho de que ese precio no es nada comparado con los $2 millones que costaría un piso, y el factor añadido de la movilidad…

En los últimos años, Lipskin se ha trasladado varias veces de un lugar a otro. La mayoría de los gastos son consecuencia del costo del combustible y el alquiler de un espacio de estacionamiento, pero esto sigue siendo varias veces más barato que mantener una casa a gran escala.

Pese a todo esto, la mujer ya puso a la venta su casa milagrosa, y cualquiera puede comprarla por unos 150.000 dólares. La propia Jessie tiene la intención de vivir en Europa durante un par de años

A muchos les puede parecer una idea estúpida y loca, una pérdida ordinaria de dinero, pero de seguro más de uno encontrará inspiración en el ejemplo de Jesse, y quién sabe, tal vez se le ocurra algo no menos loco. La buena noticia es que cada vez más personas comprenden el valor de las casas ecológicas. Para muchos, esta es una vía para ayudar a salvar el planeta. Por nuestra parte, deseamos que Jesse encuentre pronto su propia felicidad.

Si buscas un poco en la Web, verás que los artesanos no solo convierten los autobuses en casas.

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